El esmalte dental es la capa blanca y brillante que recubre la parte visible de cada diente y el tejido más duro del cuerpo. Su trabajo es proteger la dentina y el nervio del frío, de los ácidos y del roce al masticar. Su punto débil es que no se regenera: lo que se pierde por erosión, por desgaste o por una caries no vuelve a crecer. Sí se puede reforzar con flúor, frenar el desgaste y, si el daño ya está hecho, reconstruir el diente.
Índice
- Qué es el esmalte dental y de qué está hecho
- Por qué se desgasta el esmalte de los dientes
- Cómo saber si tienes el esmalte dental dañado
- ¿El esmalte de los dientes se regenera?
- Cómo proteger el esmalte de tus dientes
- Dientes desgastados: solución en la consulta
- Preguntas frecuentes
- ¿Quieres que revisemos tu esmalte?
- Artículos relacionados
- Fuentes consultadas
Qué es el esmalte dental y de qué está hecho
Si cortaras un diente por la mitad verías tres capas: por fuera, el esmalte; debajo, la dentina, más blanda y amarillenta; y en el centro, la pulpa, con los vasos sanguíneos y el nervio. El esmalte solo cubre la corona, que es la parte que asoma por encima de la encía. La raíz, que queda dentro del hueso, no tiene esmalte.
El esmalte del diente está formado casi por completo por minerales, sobre todo cristales de fosfato de calcio muy apretados entre sí. Eso le da su dureza, pero también explica sus dos limitaciones: no tiene nervios, así que no avisa con dolor mientras se desgasta, y no tiene células vivas capaces de repararlo. Las células que lo fabrican trabajan mientras el diente se forma dentro del hueso y desaparecen cuando el diente sale a la boca.
Además, el esmalte es algo translúcido, y parte del color que ves en tus dientes viene de la dentina que hay debajo. Por eso, cuando el esmalte se adelgaza, los dientes suelen verse más amarillos aunque estén limpios.
Por qué se desgasta el esmalte de los dientes
El esmalte de dientes sanos aguanta toda una vida de masticación, pero hay varios enemigos que lo van gastando poco a poco:
- Los ácidos de la dieta. Refrescos con gas, bebidas energéticas, zumos envasados y cítricos disuelven la superficie del esmalte. Las versiones sin azúcar de los refrescos siguen siendo muy ácidas. Es lo que los dentistas llaman erosión.
- Los ácidos del estómago. El reflujo y los vómitos frecuentes, por ejemplo en la bulimia, erosionan sobre todo la cara interior de los dientes de arriba.
- La caries. Las bacterias de la placa transforman el azúcar en ácidos que atacan el esmalte en un punto concreto hasta abrir un agujero.
- El cepillado agresivo. Mucha presión, un cepillo de cerdas duras o frotar en horizontal van limando el esmalte junto a la encía, donde es más fino.
- El bruxismo. Apretar o rechinar los dientes, muchas veces dormido y sin darse cuenta, aplana los bordes y las caras de masticar y puede astillar el esmalte.
- Usar los dientes como herramienta. Abrir envases, morder bolígrafos o romper cáscaras con los dientes puede desportillar un borde.
- Limarse los dientes en casa. Igualarlos con una lima de uñas, una moda que circula por redes sociales, elimina esmalte que ya no vuelve y deja el diente más sensible.
Lo habitual es que se combinen varias causas. Un esmalte reblandecido por un refresco se desgasta mucho más si justo después se cepilla con fuerza o si esa persona aprieta los dientes por la noche.
Cómo saber si tienes el esmalte dental dañado
El esmalte desgastado no duele hasta que el problema está avanzado, así que conviene fijarse en estas señales:
- Sensibilidad al frío, al calor o a lo dulce, que aparece cuando la dentina queda al descubierto.
- Dientes más amarillos aunque te los cepilles bien, porque la dentina se transparenta.
- Bordes translúcidos o mellados en los dientes de delante.
- Dientes más cortos o planos, con las puntas de las muelas redondeadas o con pequeñas hendiduras.
- Muescas junto a la encía, en forma de cuña, que notas al pasar la uña.
- Manchas blancas opacas, que pueden indicar una caries que empieza: un esmalte que está perdiendo minerales.
Ojo con las manchas: no todas indican desgaste. Algunas aparecen porque el esmalte se formó con defectos durante la infancia, como ocurre en la fluorosis dental, y no tienen que ver con lo que hayas hecho de adulto.
Qué pasa con un diente sin esmalte
Cuando una zona del diente se queda sin esmalte, la dentina queda expuesta. Es más blanda, así que se desgasta más deprisa, se tiñe con más facilidad y deja pasar los estímulos hacia el nervio, de ahí la sensibilidad. También es más vulnerable a la caries, que avanza más rápido por la dentina que por el esmalte. Por eso, un diente sin esmalte en alguna zona conviene protegerlo cuanto antes, aunque todavía no duela.
¿El esmalte de los dientes se regenera?
No. El esmalte no tiene células que puedan fabricar tejido nuevo, así que el que se ha perdido por erosión, desgaste o caries no vuelve a crecer. Cualquier desgaste del esmalte es definitivo.
Lo que sí existe es un intercambio constante de minerales en la superficie. Cada vez que comes o bebes algo ácido, el esmalte pierde un poco de calcio y fosfato; después, la saliva neutraliza el ácido y le devuelve parte de esos minerales. El flúor ayuda a que ese esmalte recuperado sea más resistente. Gracias a este proceso, llamado remineralización, una caries muy inicial, que todavía es solo una mancha blanca, puede frenarse e incluso revertir con flúor en pasta, en enjuague o en barniz aplicado en la consulta.
La diferencia es importante: remineralizar es reforzar un esmalte que sigue ahí, no crear esmalte nuevo. Por eso, si ves productos anunciados como esmalte para dientes o que prometen regenerarlo, sé prudente: pueden ayudar a protegerlo, pero ninguno devuelve el que ya se ha perdido. Cuando falta tejido, la forma de recuperar el diente es restaurarlo.
Cómo proteger el esmalte de tus dientes
- Cepíllate dos veces al día con pasta con flúor, durante dos minutos, y escupe sin enjuagarte para que el flúor siga actuando. Si dudas qué pasta usar, te orientamos en nuestra guía sobre cómo elegir pasta de dientes.
- Usa un cepillo de cerdas suaves y no aprietes. Cámbialo cada tres o cuatro meses, o antes si las cerdas se abren.
- Modera las bebidas ácidas y tómalas en las comidas, no a sorbos durante horas. Para hidratarte, mejor agua.
- No te cepilles justo después de algo ácido. Espera unos 20 o 30 minutos para que la saliva neutralice el ácido.
- Si aprietas los dientes, díselo a tu dentista. Una férula de descarga protege el esmalte por la noche; tienes más información en nuestra página de tratamiento del bruxismo.
- No uses los dientes como herramienta ni te los limes en casa. Si quieres igualar un borde, que lo valore un dentista.
- Acude a revisiones periódicas, donde el desgaste y las caries iniciales se detectan a tiempo, cuando todavía basta con flúor.
Dientes desgastados: solución en la consulta
El tratamiento depende de cuánto esmalte se ha perdido y de dónde:
- Desgaste leve. Basta con corregir la causa, reforzar con flúor y vigilar en las revisiones.
- Muescas o zonas sensibles junto a la encía. Se cubren con composite, una resina del color del diente que protege la dentina expuesta.
- Bordes rotos o dientes acortados. Una reconstrucción con composite devuelve la forma y la longitud al diente sin apenas tocar el tejido sano.
- Desgaste visible en varios dientes de delante. Las carillas cubren la cara visible de los dientes y recuperan su forma y su color.
- Desgaste muy avanzado. Cuando un diente ha perdido mucha estructura puede necesitar una corona que lo cubra entero.
Sea cual sea la solución, si no se corrige lo que causó el desgaste (los ácidos, el bruxismo o el cepillado), la restauración también lo sufrirá.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el esmalte de los dientes?
Es la capa exterior que recubre la corona del diente, la parte que ves al sonreír. Está hecho casi por completo de minerales, lo que lo convierte en el tejido más duro del cuerpo, pero no tiene nervios ni células vivas. Por eso no duele cuando se gasta y no puede repararse por sí solo.
¿Para qué sirve el esmalte dental?
Sirve de escudo. Aísla la dentina y el nervio de los cambios de temperatura, de los ácidos de la comida y de las bacterias de la placa. Mientras el esmalte está entero, puedes tomar un helado o un café sin notar nada; cuando falta, esos mismos estímulos llegan al nervio y aparecen la sensibilidad y un mayor riesgo de caries.
¿Cuál es la función del esmalte dental?
Además de proteger, el esmalte permite masticar: es la superficie que corta y tritura los alimentos y soporta a diario fuerzas muy grandes sin romperse. También tiene una función estética, porque da al diente su brillo y buena parte de su forma. Cuando se desgasta, los dientes se ven más cortos, más amarillos y con los bordes irregulares.
¿Qué es bueno para el esmalte de los dientes?
Lo que más lo protege es el flúor: cepillarte dos veces al día con pasta fluorada y, si tu dentista lo ve necesario, aplicaciones de barniz de flúor en la consulta. También ayudan beber agua en lugar de refrescos, limitar los dulces y los ácidos, y dejar trabajar a la saliva, que neutraliza los ácidos y devuelve minerales al esmalte. El queso curado al final de una comida, por ejemplo, ayuda a neutralizar la acidez. Eso sí, ningún alimento sustituye al cepillado con pasta fluorada.
¿Quieres que revisemos tu esmalte?
Si notas los dientes más sensibles, más amarillos o con los bordes gastados, en una revisión podemos ver cuánto esmalte se ha perdido y qué lo está causando. Según el caso, te explicaremos si basta con flúor y cambios de hábitos o si conviene una reconstrucción dental o unas carillas dentales. Puedes pedir cita en nuestra página de contacto; estamos en la Plaza San Francisco, en el centro de Zaragoza.
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