Dientes de sierra y otras formas raras de los dientes: de Hutchinson, de Turner, grandes o pequeños

Dientes de sierra: el dentista alisa con un disco el borde de los dientes de delante de una paciente tumbada en el sillón

Los dientes de sierra son, en la mayoría de los casos, algo normal: los incisivos definitivos salen con el borde ondulado, con unos pequeños bultos llamados mamelones que se van limando al morder. Otras formas raras de los dientes sí tienen detrás una causa concreta, como los dientes de Hutchinson, el diente de Turner o los dientes más grandes o más pequeños de lo habitual. Aquí te explicamos cómo se reconoce cada uno y cuándo conviene que lo vea un dentista.

Qué se considera una forma rara de los dientes

No hay dos bocas iguales, y la forma de los dientes varía bastante de una persona a otra, sobre todo en las muelas. Se habla de un diente con forma anormal, lo que mucha gente llama dientes deformes, cuando se aparta claramente de la forma que le corresponde: un borde con muescas, una corona en forma de clavija, un tamaño mucho mayor o menor que el de sus vecinos o un esmalte con defectos.

Algunas de estas formas son pasajeras y forman parte del desarrollo normal. Otras se deben a algo que alteró el diente mientras se formaba dentro del hueso, ya sea una infección, un golpe o una causa genética. Por eso, si la forma de un diente de tu hijo te parece rara, lo sensato es que lo revise un dentista, que puede apoyarse en radiografías para ver lo que no se aprecia a simple vista.

Dientes de sierra: los mamelones de los dientes recién salidos

Cuando un incisivo definitivo acaba de salir, su borde no es recto: tiene unas pequeñas elevaciones redondeadas, normalmente tres, separadas por surcos. Se llaman mamelones y son los que dan ese aspecto de dientes de sierra que tanto llama la atención en los niños que están cambiando los dientes de delante. Se ven sobre todo en los incisivos centrales de arriba, aunque también aparecen en los de abajo.

No son un defecto. Forman parte de la anatomía normal del diente y lo habitual es que desaparezcan solos: al morder, los dientes de arriba y los de abajo entran en contacto, ese roce va limando los bultos y, con los años, el borde queda plano.

Por qué algunos adultos conservan los dientes de sierra

Si los incisivos no llegan a tocarse, no hay nada que desgaste los mamelones y pueden mantenerse en la edad adulta. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la mordida abierta anterior, en la que los dientes de delante no contactan al cerrar la boca, y con otras maloclusiones. También se han relacionado con hábitos que reducen ese contacto, como empujar los dientes con la lengua al tragar o respirar por la boca.

En un adulto, por tanto, unos dientes de sierra pueden ser solo una cuestión estética o una pista de que la mordida no encaja del todo. Si te molesta su aspecto, el dentista puede alisar el borde con un contorneado, que retira una cantidad muy pequeña de esmalte, pero antes conviene revisar la mordida: si el problema es que los dientes no se tocan, eso es lo primero que hay que valorar.

Ojo con confundir los mamelones con otros problemas. Si el borde, además de ondulado, tiene manchas, hoyos o zonas donde falta esmalte, o si se ha astillado tras un golpe, ya no hablamos de algo propio del desarrollo. Los defectos del esmalte que se forman antes de que salga el diente te los explicamos en nuestro artículo sobre la hipoplasia dental.

Dientes de Hutchinson: un signo de la sífilis congénita

Los dientes de Hutchinson, también llamados incisivos de Hutchinson, son incisivos con una muesca en el borde, mellados, y con forma de clavija. Son uno de los signos clásicos de la sífilis congénita, y por eso conviene explicarlos con calma y sin alarmismo.

La sífilis congénita es una infección que pasa de la madre al bebé durante el embarazo, a través de la placenta, o en el parto, cuando la madre tiene una sífilis que no se ha tratado. Sus síntomas pueden ir apareciendo con el tiempo, y las alteraciones de los dientes figuran entre los signos que se describen en bebés mayores y niños pequeños.

Hay tres ideas que conviene tener claras:

  • Una muesca no es un diagnóstico. Un diente puede tener una forma distinta por muchas causas, desde un síndrome genético hasta un golpe o un defecto del esmalte. Solo un médico, con la historia clínica y las pruebas adecuadas, puede confirmar o descartar una infección.
  • Se previene en el embarazo. En España, el Ministerio de Sanidad establece que a todas las embarazadas se les debe ofrecer el cribado de sífilis, y tratar a la futura madre disminuye el riesgo de que el bebé se infecte.
  • Tiene tratamiento. La sífilis congénita puede curarse con antibióticos si se detecta pronto, y la penicilina es el fármaco de elección.

Para quien tiene estos dientes, la forma de los incisivos se puede mejorar con restauraciones como carillas o coronas, siempre después de una valoración individual. Y conviene recordarlo: nadie elige nacer con una infección, y tener estos dientes no dice nada de la persona.

Diente de Turner: la huella de un diente de leche infectado o golpeado

El diente de Turner es un diente definitivo con un defecto en el esmalte dental causado por un problema en el diente de leche al que sustituye. A diferencia de otras alteraciones que afectan a muchos dientes a la vez, suele afectar a uno solo, y eso ya es una pista.

Su origen depende de la zona de la boca:

  • En premolares y caninos, la causa más probable es una infección del diente de leche, normalmente una caries muy avanzada con inflamación alrededor de la raíz, que alteró la formación del diente definitivo que crecía debajo.
  • En los dientes de delante, lo más probable es un golpe en el diente de leche, casi siempre un incisivo central de arriba, que se hundió hacia el diente definitivo en formación.

La zona más afectada suele ser la cara visible del diente. El defecto puede ir desde una mancha blanca o amarilla hasta una zona con menos esmalte, según lo intensa y duradera que fuera la infección.

Ese esmalte más débil hace que el diente pueda ser más sensible, tener peor aspecto y más tendencia a la caries. Además, se han descrito dientes de Turner que acabaron dañándose por dentro sin caries ni golpes nuevos, y por eso se insiste en detectarlos y protegerlos pronto. Se trata, según su gravedad, como otros defectos del esmalte, que ya repasamos en el artículo sobre la hipoplasia; aquí lo importante es la prevención: tratar las caries de los dientes de leche y llevar al niño al dentista después de un golpe en la boca, aunque el diente parezca estar bien.

Dientes grandes: qué es la macrodoncia

Se habla de macrodoncia cuando un diente es más grande de lo normal para su tipo, y no solo por fuera: la corona, la raíz y la cámara pulpar, el espacio interior donde está el nervio, también son mayores. Es una alteración poco frecuente que puede darse tanto en los dientes de leche como en los definitivos.

  • Aislada: afecta a un solo diente en una boca por lo demás normal.
  • Generalizada: afecta a varios dientes y, en ese caso, puede estar asociada a algunas enfermedades o síndromes, por lo que conviene que también lo valore el médico.

No todos los dientes grandes son una macrodoncia. A veces lo que parece un diente enorme son dos dientes que se unieron mientras se formaban, lo que se conoce como fusión. Para distinguirlo, el dentista se apoya en radiografías que muestran la raíz y el interior del diente.

Un diente grande puede no dar ningún problema más allá del aspecto, pero también puede plantear problemas de espacio y complicar la ortodoncia o la restauración. Según el caso, las opciones van desde la ortodoncia hasta las carillas o las coronas para mejorar su forma y el espacio entre dientes.

Dientes pequeños: qué es la microdoncia

La microdoncia es lo contrario: uno o más dientes son más pequeños de lo normal. Hay tres formas:

  • Localizada: afecta a uno o dos dientes, casi siempre los incisivos laterales de arriba, los que están a cada lado de las dos paletas. Es la más frecuente. Cuando el lateral, además de pequeño, termina en punta, se habla de diente en clavija o conoide.
  • Relativa: los dientes tienen un tamaño normal, pero el maxilar es grande y los hace parecer pequeños.
  • Generalizada verdadera: todos los dientes son pequeños. Es la más rara.

Puede venir de familia, acompañar a algunas condiciones genéticas o deberse a factores que alteraron el desarrollo del diente, como alteraciones hormonales, infecciones graves durante el embarazo o un nacimiento prematuro. Aun así, la forma más habitual es la localizada, la de uno o dos laterales pequeños.

Los dientes pequeños pueden dejar espacios entre ellos, desajustar la mordida o, en algunos casos, dificultar comer o pronunciar ciertos sonidos. No siempre hay que tratarlos: si son uno o dos y no te molestan, puedes dejarlos como están. Si quieres cambiarlos, las opciones habituales son añadir material del color del diente para darle volumen, las carillas o las coronas, a veces combinadas con ortodoncia para ajustar los espacios.

Cuándo conviene que lo vea un dentista

  • Si la forma de un diente de tu hijo te parece rara, sobre todo si es un solo diente con manchas o con menos esmalte.
  • Si un diente de leche tuvo una caries grande o un golpe y el definitivo que sale no tiene buen aspecto.
  • Si los dientes de sierra siguen ahí en la adolescencia o en la edad adulta, para comprobar si los dientes de delante llegan a tocarse al cerrar.
  • Si un diente con forma rara duele, está sensible o se rompe, porque su esmalte puede proteger menos.
  • Si los dientes pequeños o grandes te dificultan masticar o hablar, o dejan espacios que te molestan.

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Fuentes consultadas