Dientes de oro: qué son las coronas y muelas de oro y qué alternativas hay hoy

Dientes de oro: una corona de oro de muela junto a coronas de cerámica, un muñón metálico y piezas de implante sobre la palma de un guante

Los dientes de oro son, casi siempre, coronas o incrustaciones hechas con una aleación de oro que el dentista coloca sobre una muela dañada para protegerla. Se usaron mucho porque aguantan muy bien la masticación y duran años, pero hoy se ponen menos: no tienen el color del diente y existen materiales blancos que también resisten. Te contamos qué son, cuándo tienen sentido, qué alternativas hay y qué conviene saber de las fundas de oro decorativas.

Qué son los dientes de oro

Cuando alguien dice que tiene un diente o una muela de oro, casi nunca se refiere a un diente postizo entero, sino a una restauración: una pieza que cubre o rellena un diente propio que estaba roto, muy cariado o debilitado. El diente sigue en su sitio, con su raíz; lo que es de oro es la parte que se ve. Y no se trata de oro puro: la Asociación Dental Americana explica que estas restauraciones se fabrican con una aleación de oro, cobre y otros metales.

Hay dos formas principales de llevar oro en la boca con fines de tratamiento:

Corona o funda de oro

La corona, que mucha gente llama funda, envuelve todo el diente por encima de la encía. Es lo que se busca como funda de oro para diente o corona de oro, y MedlinePlus la incluye dentro de las coronas metálicas. Para colocarla, el dentista retira la caries y los empastes viejos, le da una nueva forma al diente y toma un molde. Mientras el laboratorio fabrica la definitiva, llevas una corona provisional, y en una segunda cita se cementa la de oro.

Incrustación de oro

La incrustación es una pieza más pequeña que rellena una cavidad grande sin forrar el diente entero. Si solo ocupa el interior de la muela se llama inlay; si además cubre alguna de sus cúspides, que son las puntas con las que muerde, se llama onlay. Es un punto intermedio entre un empaste y una corona. Igual que la corona, se fabrica en el laboratorio a partir de un molde, así que necesita más de una visita.

Por qué se usaba tanto el oro en las muelas

El oro es uno de los materiales más antiguos de la odontología, y no por casualidad. MedlinePlus resume así las ventajas de las coronas metálicas:

  • Aguantan la masticación e incluso el rechinar de dientes, que castiga mucho a otros materiales.
  • Casi nunca se astillan, a diferencia de la porcelana, que puede romperse con una mordida fuerte.
  • Son las que más duran entre los distintos tipos de corona.

En el caso de las incrustaciones, la Asociación Dental Americana considera las de oro las más duraderas, con una vida de 20 años o más. Para las coronas en general, MedlinePlus calcula que la mayoría deberían durar al menos 5 años y que pueden llegar a 15 o 20. Con un buen ajuste y buenos cuidados, una restauración de oro puede acompañarte mucho tiempo.

Por eso las muelas de oro fueron durante años una solución habitual en las piezas de atrás, que son las que más fuerza reciben al masticar y las que menos se ven al sonreír.

Por qué hoy se ponen menos coronas de oro

Si el oro funciona tan bien, ¿por qué cada vez se ven menos dientes con corona de oro? Hay varias razones, y casi todas tienen que ver con la estética y con la llegada de materiales nuevos:

  • El color. Es el gran inconveniente: MedlinePlus lo resume diciendo que las coronas metálicas no se ven naturales. En una muela del fondo puede pasar desapercibido, pero cuanto más adelante está el diente, más se nota.
  • Hay materiales del color del diente que resisten. Las coronas de zirconio, las de disilicato de litio y las de metal porcelana consiguen un aspecto parecido al del diente natural con una resistencia suficiente para muchas muelas. No las repetimos aquí: las explicamos en el artículo sobre la corona dental y sus tipos.
  • El coste. La Asociación Dental Americana señala que las restauraciones de oro son las más caras entre las opciones para rellenar una muela.
  • Las visitas. Como cualquier pieza de laboratorio, una corona o una incrustación de oro necesita al menos dos citas.
  • Las alergias a metales. Si sabes que tienes alergia a algún metal, MedlinePlus apunta que las coronas de cerámica o porcelana pueden ser una buena opción. Coméntalo siempre antes de empezar cualquier tratamiento.

Nada de esto convierte al oro en un mal material. Sigue siendo una opción válida en casos concretos, por ejemplo en muelas que trabajan mucho y no se ven, o en personas que aprietan o rechinan los dientes. Lo que ha cambiado es que ya no es la única opción resistente, y que mucha gente prefiere que la reparación no se note.

Alternativas al oro para reconstruir una muela

La alternativa adecuada depende de cuánto diente sano quede, de dónde esté y de cómo muerdes. A grandes rasgos, estas son las opciones:

  • Si el daño es pequeño o mediano, suele bastar un empaste de composite, el material blanco que se adhiere al diente.
  • Si falta mucho diente pero las paredes aguantan, una incrustación hecha a medida, que también se puede fabricar en cerámica, rellena la cavidad sin tallar el diente entero.
  • Si el diente está muy debilitado, por ejemplo tras una endodoncia o una fractura grande, lo habitual es una corona, y el material se elige entre los que repasamos en el artículo de coronas.
  • Si el diente ya no se puede salvar, se valora sustituirlo con un implante, un puente dental o una prótesis removible.

La elección no se hace por catálogo. Lo normal es que el dentista mire la radiografía, el estado de la encía, tu mordida y el color de los dientes vecinos, y te explique las opciones con sus ventajas y sus inconvenientes antes de decidir.

Si ya tienes una muela de oro: ¿hay que cambiarla?

No necesariamente. Una corona o una incrustación de oro que ajusta bien, no molesta y tiene la encía sana alrededor puede seguir cumpliendo su función; cambiarla solo por el color es una decisión estética, no una necesidad de salud. Eso sí, conviene que la revisen en tus visitas al dentista, igual que el resto de la boca.

Estas señales, en cambio, son motivo para pedir cita antes:

  • Dolor o sensibilidad al morder o con el frío en la muela de la corona.
  • La corona se mueve o notas un hueco o un escalón en el borde, junto a la encía.
  • La encía de alrededor está inflamada, sangra o tiene mal aspecto.
  • Mal sabor o mal olor que sale siempre de la misma zona.
  • Se ha despegado. Guárdala y llévala a la consulta; no intentes volver a pegarla por tu cuenta.

Debajo de una corona el diente sigue siendo tuyo, y la caries puede aparecer en el borde, justo donde la corona se une al diente. Por eso hay que cuidarla igual que los demás dientes, como recuerda MedlinePlus: cepillado a diario, limpieza entre los dientes con hilo dental o cepillos interdentales y revisiones periódicas.

Fundas de oro decorativas: lo que conviene saber

Parte de quienes buscan fundas de dientes de oro no piensan en una restauración, sino en un adorno: las piezas metálicas que se colocan sobre los dientes de delante por estética y que en inglés se conocen como grills. La Asociación Dental Americana las describe como cubiertas decorativas, a menudo de oro, plata o metales preciosos con piedras, que en general se ponen y se quitan. También recoge que hay personas que se han modificado los dientes con coronas de oro para que parezcan un grill de forma permanente.

Sobre su seguridad, esa misma asociación es prudente: no hay estudios que demuestren que sean dañinas, pero tampoco que llevarlas durante mucho tiempo sea seguro. Los riesgos que señala son estos:

  • Restos de comida y bacterias que quedan atrapados debajo y producen ácidos capaces de causar caries, dañar la encía y dar mal aliento.
  • Irritación de los tejidos de alrededor y, en las fabricadas con metales no preciosos, posibles reacciones alérgicas.
  • Desgaste del esmalte de los dientes con los que muerden.

Si aun así quieres llevar una, sus recomendaciones son sencillas: habla antes con tu dentista, quítatela para comer, límpiala a diario sin productos para joyas ni nada que sea peligroso tragar, no la lleves más tiempo del necesario y extrema el cepillado y el hilo dental. Y nunca la fijes con pegamento, porque no está pensado para usarse dentro de la boca y puede dañar dientes y encías.

Convertir un diente sano en una funda fija de oro es otra cosa: exige darle una nueva forma al diente, y ese tallado no tiene vuelta atrás. Si te lo planteas, consúltalo antes con un dentista para que te explique qué supone para ese diente.

¿Quieres que revisemos tus coronas o veamos alternativas?

Si tienes una muela de oro que te molesta, una corona que quieres cambiar por otra del color del diente o una muela rota que necesita reconstruirse, en nuestra página de reconstrucción dental en Zaragoza explicamos las coronas, incrustaciones y onlays que hacemos, y en la de prótesis dental en Zaragoza, las prótesis fijas y removibles para reponer dientes que faltan. Para valorarlo en tu boca, pide cita desde la página de contacto: estamos en la Plaza San Francisco de Zaragoza.

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Fuentes consultadas